Certificamos el estado ambiental del planeta y lo volvemos imposible de falsificar.
Tenemos la tecnología para certificar cientos de activos por día alrededor del globo. Estos son apenas una pequeñísima muestra de lo que podemos hacer.
Detrás de cada registro hay una conversación con EPI. No es un chat más que responde dudas las 24 horas: es la única puerta de entrada al protocolo, y te acompaña en cada paso del camino.
Te explica cómo funciona EPIMELEIA, identifica tu activo, calcula sus coordenadas, te presenta las cláusulas, toma tus datos y te guía hasta dejar tu activo registrado en blockchain — incluida tu adhesión al sistema. Una sola conversación, de la primera pregunta al alta final.
EPIMELEIA no vende la posibilidad de verse bien. Vuelve imposible esconder cuando las cosas fueron de otra manera.
El satélite ve, registra, y el resultado queda grabado en blockchain, sin que nadie pueda alterarlo después — ni el cliente, ni nosotros.
Si por nubes, falla técnica o falta de dato no hubo observación válida, eso también se escribe: lo llamamos hueco de opacidad. No es un castigo — es una consecuencia automática del contrato.
La ausencia de dato también es un dato. Y tampoco se puede ocultar ni inventar.
EPIMELEIA tiene su propio reloj, y late al compás de las compañías que cotizan en bolsa. El año se divide en cuatro trimestres que reflejan los balances corporativos de los mercados del mundo.
El cierre trimestral es fijo e igual para cada activo, sin importar cuándo se haya registrado. Dentro de cada trimestre el satélite sobrevuela las coordenadas entre seis y siete veces; dos observaciones positivas dentro de la ventana constituyen una certificación válida.
No es una foto suelta: es una trayectoria, medida con la misma vara, trimestre tras trimestre.